La depresión es una alteración del estado de ánimo, un trastorno afectivo-cognitivo que recubre todos los aspecto de la vida de una persona con pesimismo. Quién está deprimido ve la realidad de una forma totalmente distinta a cuando no padecía este trastorno, en consecuencia su modo de actuar, sus actitudes y comportamiento también cambian.
Es común que cualquier apesadumbramiento se tilde de depresión, sin embargo muchas veces se cataloga de depresión lo que no es tal. Para determinar una depresión con mayor precisión es conveniente conocer cuales son los síntomas o signos más evidentes.
Estos son los síntomas que se dan con mayor frecuencia:
Aun hoy en día no existe un consenso firme en relación a que causa la depresión, dado que es una compleja interrelación de variables biológicas, psicológicas y socio-culturales.
Podemos hablar de motivaciones psicológicas y socio-culturales cuando la depresión surge motivada por uno o varios acontecimientos adversos, ya sean realmente adversos desde un punto de vista objetivo o sin serlo, pero que la persona desde su subjetividad los ha vivido de manera muy negativa.
Pero no solo hay que referirse a factores externos, las teorías biológicas hacen hincapié en que las alteraciones en la neuroquímica de la persona también intervienen en el desarrollo y mantenimiento de la depresión.
En definitiva, una depresión puede que sea causada por acontecimientos externos o puede que no, que surja sin que aparentemente sepamos la causa.
Podemos catalogar la depresión acorde a dos factores, la intensidad de los síntomas y las causas que la provocaron.
De acuerdo a la intensidad, hablaremos de depresiones leves, moderadas o graves.
Si dividimos la depresión según su causa, hablaremos de depresión reactiva o endógena. Reactiva sería cuando la causa proviene de un acontecimiento, tal como una ruptura o la muerte de seres queridos, en la que el individuo responde de manera desadaptativa.
La depresión endógena no se basa en ningún acontecimiento, sino que se fundamenta en alteraciones de la neuroquímica del Sistema Nervioso Central.
También existen depresiones con patrón estacional, que son cuadros depresivos que tienen una relación temporal regular en su inicio y reaparición, dándose cada año con el cambio de estación (otoño y primavera). Se cree que la cantidad de luz incide en la aparición de este tipo de depresión, aunque no se sabe a ciencia cierta.
Para finalizar, hay que distinguir la depresión de esos momentos de bajón, lo que popularmente se denomina «estar depre». Este estado de ánimo bajo es la llamada hipotimia, la cual no es un cuadro clínico, no es depresión, por más que sea molesta y queramos librarnos de ella.
Si bien nadie está libre de tener un trastorno depresivo, existen ciertos grupos de riesgo con mayores probabilidades de experimentarla.
A su vez, también existen situaciones de riesgo donde estamos más expuestos, más vulnerables al síndrome depresivo, siendo más fácil su aparición.
Estadísticamente, la depresión se da en mujeres el doble que en hombres. Esta diferencia no es debida a que las mujeres busquen ayuda profesional en mayor número que los hombres y por ello sus casos se computen más. La depresión en la mujer ocurre sobre todo en ciertos momentos vitales:
Después del parto, a consecuencia del cambio hormonal que sucede tras el embarazo. Es la llamada depresión «post-parto», que generalmente es de corta duración.
Cuando los hijos abandonan el hogar familiar, se da el «síndrome del nido vacío». La depresión aquí tiene mayor incidencia en mujeres que no hayan trabajado fuera de casa y para las que las labores de cuidados hayan sido el eje central.
También se relaciona con cambios hormonales causados por la menopausia, aunque no es una causa sobre la que haya una certeza consolidada.
La depresión también tiende a darse en profesiones que suponen una carga de presión fuerte, con escaso reconocimiento social. Por ejemplo los docentes de enseñanza primaria.
Cuando un ser querido fallece, experimentamos el duelo, que sin ser una depresión, tiene síntomas comunes. El duelo puedo complicarse y convertirse en una depresión.
La perdida del trabajo, bien por despido bien por jubilación. La persona en paro tiene sentimientos de fracaso que se suman a un posible problema económico, todo ello puede favorecer el surgimiento de una depresión. En el caso de los jubilados, se da cuando el trabajo les suponía una fuente de satisfacción y relaciones sociales.
Las rupturas sentimentales son otra situación de riesgo. Se puede dar en la etapa adolescente, cuando este tipo de experiencias se viven dramáticamente, aunque son depresiones de corta duración. En la edad adulta, una separación conlleva sentimientos de culpa, dudas y la visión del futuro como algo incierto, lo cual puede provocar caer en una depresión.
Quienes tienen personas a su cuidado, ya sean mayores, enfermas o con discapacidad, pueden desarrollar el síndrome del cuidador a causa de la situación en la que están. Con el tiempo les lleva a desarrollar síntomas depresivos.
Cuando se dan periodos de enfermedad, sobre todo cuando estas son graves e incluso ponen en riesgo la vida.
La depresión no es un trastorno fácilmente delimitable, no existe una depresión como tal, sino individuos deprimidos. En cada individuo intervienen infinidad de factores: sociales, familiares, personales, ambientales, etc.
Aun a pesar de esta dificultad, a día de hoy la depresión se puede superar en un elevado porcentaje de casos, sobre todo en depresiones leves o moderadas y siempre que la persona esté comprometida en el proceso así como a efectuar los cambios que requiera en sus actitudes y hábitos.
Superar una depresión es un proceso que necesita desarrollarse. No sucede de la noche a la mañana, que te despiertas y ya no tienes depresión. El proceso suele ser largo y con altibajos, requiere de un esfuerzo justo en el momento que la persona menos motivada se encuentra, cuando lo está pasando mal.
Habrá periodos de avance y otros, desgraciadamente, de retroceso, pero no hay que desanimarse, es algo totalmente normal, y una vez superado, habrá merecido la pena todo el esfuerzo empleado.
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